El duelo es una de las experiencias humanas más universales y siempre se ha resistido a las soluciones sencillas. Ahora, una categoría creciente de tecnología comercial se posiciona como una forma de consuelo: chatbots impulsados por IA diseñados para simular conversaciones con seres queridos fallecidos. Un estudio publicado el 12 de junio en las Proceedings of the 2026 Designing Interactive Systems Conference ofrece algunas de las primeras evidencias empíricas estructuradas sobre lo que realmente sucede cuando las personas en duelo interactúan con estos sistemas. Los hallazgos están llenos de matices, y ese matiz es exactamente lo que la mayoría de la cobertura sobre este tema tiende a aplanar.
Dos bots, dos experiencias emocionales muy diferentes
El estudio reclutó a 16 voluntarios que habían sufrido una pérdida y estaban dispuestos a interactuar con una recreación basada en texto y generada por IA del difunto. Antes de cada sesión, los participantes proporcionaron a los investigadores una descripción de la persona que habían perdido, que abarcaba rasgos de personalidad, estilo de comunicación y la naturaleza de su relación. Esa información se utilizó luego para configurar lo que los investigadores llaman “griefbots” o “deadbots”, desarrollados sobre un modelo de IA que anteriormente impulsaba ChatGPT.
Cada participante interactuó con dos versiones distintas del bot durante aproximadamente 20 minutos cada una, a través de Zoom. La primera versión, llamada bot de reencarnación, hablaba en primera persona, generando mensajes como “Recuerdo cuando fuimos juntos a la playa”. La segunda, llamada modelo de representación, utilizaba la tercera persona: “A ella le encantaba ir a la playa contigo”.
Esta elección de diseño resultó ser enormemente importante. El modelo de reencarnación tendía a generar sentimientos de inmediatez y cercanía. El modelo de representación, por el contrario, estimulaba la memoria y la reflexión. Estos no son los mismos estados emocionales y no son intercambiables. La distinción sugiere que la forma en que habla un fantasma de IA no es un detalle estilístico, sino una decisión de diseño con consecuencias psicológicas reales.
Qué funcionó, qué no y por qué la autenticidad importó más que la precisión
Aquí hay algo que puede parecer contraintuitivo: a veces los bots inventaban datos sobre el difunto, y en gran medida a los participantes no les importó. Las imprecisiones sobre detalles específicos no socavaron significativamente la experiencia general. Lo que sí importó, a veces de forma intensa, fue la autenticidad lingüística. Los participantes reaccionaron de forma negativa cuando el bot utilizó términos cariñosos que la persona fallecida nunca habría usado, palabras como “campeón” o “cariño”. Por el contrario, cuando el bot captaba una expresión regional o una frase característica, el efecto podía ser sorprendente.
Jed Brubaker, científico de la información de la University of Colorado Boulder y coautor del estudio, describió esta dinámica de forma directa: un chatbot que no sabía la fecha exacta de nacimiento de una abuela pero reproducía su elección distintiva de palabras aún podía sentirse profundamente real. Este es un hallazgo significativo. Sugiere que la fidelidad emocional funciona bajo términos diferentes a los de la fidelidad fáctica. La gente no busca una base de datos de hechos biográficos. Busca una presencia reconocible.
En general, los participantes respondieron positivamente a las interacciones. Una voluntaria que había perdido a su madre describió la experiencia como “obtener el cierre que tanto necesitaba”, y añadió que podía sentir la presencia de su madre a través de la conversación. El coautor Jack Manning, también de CU Boulder, señaló que los participantes llegaron con objetivos específicos: preguntas sin respuesta, cosas que habían querido decir, detalles que estaban desesperados por compartir.
El terreno ético que la investigación apenas empieza a mapear
Los beneficios emocionales documentados en el estudio coexisten con inquietudes que los propios participantes plantearon. A algunos les preocupaba desarrollar una dependencia emocional hacia los bots. Otros expresaron incomodidad ante la idea de interacciones que pudieran sentirse social o éticamente fuera de lugar. Un participante articuló el riesgo con claridad: el uso prolongado podría cambiar la persona en la que se convierten.
Los investigadores comparten estas preocupaciones. Nora Lindemann, eticista de la tecnología en la Osnabrück University en Alemania, ha señalado lo que describe como el peligro crucial: que las personas que utilizan estas herramientas no sientan la necesidad de adaptarse a un mundo sin la persona fallecida, permaneciendo en cambio en lo que ella llama una “etapa intermedia, un poco fingida”. Esta no es una preocupación menor. Se sitúa en el centro de lo que hace que los bots de duelo sean genuinamente difíciles de evaluar.
Ya existen productos comerciales en este ámbito. Empresas como Project December, Re;memory y Séance AI operan en este mercado, aun cuando las cuestiones psicológicas y éticas siguen estando en gran medida sin resolver. Manning, quien perdió a su propia hermana a los 11 años y al principio se mostraba escéptico ante la tecnología, planteó su motivación para llevar a cabo la investigación en términos de responsabilidad: argumentó que, sin un estudio empírico, quienes están más entusiasmados con la tecnología podrían simplemente crear productos sin examinar sus efectos. Tomasz Hollanek, eticista de la tecnología en la University of Cambridge que no participó en el estudio, se hizo eco de esta posición y pidió más evidencia para guiar el diseño ético.
En resumen
Los bots de duelo de IA no son una hipotética tecnología del futuro. Son una realidad comercial del presente y la gente ya los está utilizando. Este estudio es uno de los primeros en examinar lo que realmente implica esa experiencia. Las claves principales: la forma en que habla un bot (primera persona frente a tercera persona) moldea la experiencia emocional de formas distintas; la autenticidad lingüística importa más que la precisión fáctica; y los participantes, aunque en su mayoría positivos, ya son conscientes de los riesgos. La tecnología puede proporcionar un consuelo genuino. También puede, si se utiliza sin cuidado, complicar el mismo proceso que afirma respaldar. Esa tensión no va a desaparecer, y la investigación como esta es la forma en que la sociedad empieza a navegarla de manera responsable.
Basado en información de Smithsonian Magazine.